Un grupo de militantes de La Libertad Avanza intentó ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA para vandalizar murales. Al ser rechazados por estudiantes, sus integrantes recurrieron al gas pimienta y luego se refugiaron detrás de la Policía de la Ciudad.
La “batalla cultural” que el Gobierno libertario promueve desde las redes sociales llegó esta vez a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Un grupo de militantes de extrema derecha intentó ingresar a la emblemática sede de Puán con el objetivo de vandalizar murales y borrar símbolos políticos que forman parte de la historia de la institución. Cuando estudiantes y militantes se organizaron para impedirlo, la respuesta fue la violencia: gas pimienta y protección policial.
El grupo estuvo encabezado por el activista de extrema derecha y docente de violín Marco Fattorello, quien ya había sido detenido hace un mes tras vandalizar un mural del Che Guevara en la sede de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB). En Puán, la operación volvió a repetirse: un grupo de personas ajenas a la comunidad universitaria intentó ingresar para destruir expresiones políticas y culturales, y terminó enfrentándose con estudiantes que se lo impidieron.
“Estamos hablando de gente que no forma parte de la facultad, que no da clases, que no estudia, que no trabaja ahí, que el único objetivo que tenía era ir para vandalizar murales que hace años forman parte de la vida política, cultural y social”, explicó a BigBang el secretario general del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras (CEFyL), Luca Bonfante.
Según relató, el grupo había anunciado públicamente sus recorridas y pretendía aprovechar el receso invernal para ingresar a distintas facultades. La estrategia, sin embargo, fue anticipada por estudiantes y organizaciones políticas, que se organizaron para impedir que los murales fueran vandalizados.
Las imágenes del enfrentamiento circularon en redes sociales y permitieron identificar a varios de los participantes. Entre ellos aparece nuevamente Fattorello, principal impulsor de este tipo de acciones, acompañado por el periodista militante libertario Marco Palazzo, conocido por su participación en streamings de derecha y por haber defendido públicamente a Adolf Eichmann, uno de los principales responsables del exterminio nazi durante el Holocausto.
La escena terminó de exponer el verdadero contenido de esta supuesta “batalla cultural”: militantes que llegan a una universidad pública que no integra su comunidad, intentan entrar para destruir murales y, cuando encuentran resistencia, recurren al gas pimienta.
“Cuando ellos no pueden entrar a la facultad tiran gas pimienta y ahí aparece la Policía, que no cumplió casi ninguna función. Simplemente ellos se escondieron atrás de los tres o cuatro policías que había y después llegaron patrulleros”, relató Bonfante, referente de la juventud del Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS), integrante del Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad (FIT-U).
Hasta el momento, no se informó si las personas agredidas realizarán una denuncia. Sin embargo, el material audiovisual difundido en redes sociales permitiría identificar con claridad a quienes participaron de la agresión.
“Llama la atención. Tienen 45, 50 años. No se trata de pibes y adolescentes, sino de señores adultos que ya están bastante grandecitos”, cuestionó Bonfante. Y señaló que el grupo encabezado por Fattorello se presenta en sus propias redes como parte de la “batalla cultural” que impulsa el Gobierno libertario y que reproduce las campañas oficiales contra las universidades públicas.
El episodio no puede separarse del contexto político. Mientras el Gobierno de Javier Milei desfinancia a las universidades nacionales, cuestiona la educación pública y promueve una ofensiva permanente contra las organizaciones estudiantiles, sus militantes intentan convertir la provocación y la vandalización en una forma de acción política.
“Frente a este tipo de provocaciones, que no tienen nada que ver con abrir algún debate, que puede ser legítimo o no sobre algún tema, son grupos que se organizan para provocar en la universidad en un contexto en el que está siendo atacada y desfinanciada”, sostuvo Bonfante.
La cruzada de Fattorello es pública. Su obsesión con el Che Guevara es apenas la parte más visible de una ofensiva que apunta a algo más amplio: atacar la representación estudiantil, cuestionar a los centros de estudiantes y disputar políticamente los espacios de las universidades públicas.
El 20 de julio, Fattorello publicó en su cuenta de X una imagen con distintas fotografías del Che Guevara en la sede de Villa Domínico de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). “Esto es apología del terrorismo dentro de una universidad pública”, escribió, antes de convocar a “argentinos de bien” a tapar la imagen del revolucionario argentino-cubano.
La lógica es la misma que se repite en cada una de estas incursiones: presentar la destrucción de murales como una cruzada moral, llamar “terrorismo” a la expresión política de una universidad y convertir la provocación en contenido para las redes sociales.
Días antes de llegar a Puán, Fattorello había concurrido a la sede de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en la calle Santiago del Estero. Allí fue repudiado por el docente del Seminario de Comunicación Política de la Universidad de Buenos Aires Yair Cybel, quien lo enfrentó por sus provocaciones en una institución que el espacio político al que pertenece impulsa desfinanciar y, en última instancia, arancelar.
La “batalla cultural” libertaria, entonces, parece tener cada vez menos de debate y cada vez más de provocación. Cuando no pueden ganar una discusión, intentan borrar un mural. Cuando no pueden entrar, usan gas pimienta. Y cuando la comunidad universitaria resiste, buscan refugio detrás de la Policía.

