Mensajes intimidatorios aparecidos en baños del Colegio Carlos Pellegrini y del Instituto Vélez Sarsfield encendieron la alarma entre familias y docentes. Aunque se activaron protocolos de seguridad, crecen las dudas sobre la capacidad de las autoridades para anticipar y contener este tipo de situaciones.
La rutina escolar en la Ciudad de Buenos Aires quedó atravesada esta semana por una serie de amenazas que generaron inquietud en la comunidad educativa. El primer episodio se registró en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, donde un grafiti advertía sobre un presunto ataque armado previsto para el jueves 16 de abril. La imagen del mensaje se viralizó rápidamente en grupos de padres y alumnos, alimentando un clima de tensión e incertidumbre.
Frente a la gravedad del caso, las autoridades del establecimiento —dependiente de la Universidad de Buenos Aires— difundieron un comunicado en el que repudiaron cualquier manifestación de violencia o discriminación e intentaron llevar tranquilidad. Sin embargo, el episodio dejó expuesta la facilidad con la que este tipo de amenazas puede circular y escalar en cuestión de horas.
Casi en simultáneo, un hecho de características similares se produjo en el barrio de Liniers. En el Instituto Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield, vinculado al club homónimo, aparecieron inscripciones en los baños que advertían sobre una supuesta masacre en la misma fecha. Los mensajes incluían además acusaciones de acoso escolar y una advertencia inquietante sobre el futuro del establecimiento.
En este caso, las autoridades lograron identificar a los responsables a través de cámaras de seguridad. Los estudiantes involucrados fueron citados junto a sus familias, en un intento por contener la situación y evitar su escalada. Aun así, el episodio volvió a encender las alarmas sobre el clima dentro de las instituciones y los mecanismos de prevención disponibles.
Estos hechos no son aislados. En los últimos días también se registraron situaciones similares en la provincia de Mendoza, como en la Escuela 4-143 El Algarrobal, donde amenazas escritas obligaron a la intervención de la Policía Científica. La repetición de estos episodios, con patrones similares, genera preocupación en autoridades educativas y de seguridad, que buscan determinar si se trata de imitaciones impulsadas por redes sociales o de fenómenos más organizados.
Mientras tanto, las escuelas afectadas intentan retomar la normalidad, aunque bajo un clima de vigilancia reforzada. El desafío inmediato pasa por evitar el efecto contagio y brindar contención a estudiantes y familias, en un contexto donde el miedo se instala con rapidez.
En paralelo, la Justicia analiza las pruebas recolectadas para establecer responsabilidades y descartar riesgos concretos. Pero más allá de las investigaciones en curso, queda en evidencia una problemática más profunda: la falta de herramientas eficaces para prevenir este tipo de amenazas y actuar antes de que la preocupación se transforme en pánico colectivo.

