La inflación en la Ciudad de Buenos Aires alcanzó el 2,9% en julio, mientras que los haberes previsionales aumentaron alrededor del 2,1%. Para quienes cobran la mínima, el bono congelado desde hace más de dos años profundizó la pérdida de poder de compra.
Los jubilados que viven en la Ciudad de Buenos Aires volvieron a perder poder adquisitivo durante julio. Según el índice de inflación porteño, los precios aumentaron 2,9% el mes pasado, mientras que las jubilaciones se actualizaron alrededor de un 2,1%, de acuerdo con la fórmula de movilidad vinculada a la inflación nacional registrada en mayo.
La diferencia entre ambos porcentajes implica que los haberes quedaron por debajo de la evolución de los precios en la Ciudad. En términos reales, un jubilado que no recibió compensaciones adicionales necesitó más dinero que un mes atrás para comprar la misma cantidad de bienes y servicios.
El deterioro fue todavía mayor entre quienes cobran la jubilación mínima. El bono extraordinario de $70.000 permanece congelado desde hace más de dos años, por lo que perdió una parte significativa de su valor frente a la inflación acumulada. Como consecuencia, el ingreso total de los jubilados que perciben la mínima aumentó menos que los precios.
En julio, quienes cobraron la mínima más el bono recibieron $481.989. El incremento efectivo respecto del mes anterior fue de apenas 1,8%, por debajo del 2,9% de inflación registrado en la Ciudad. El resultado fue una nueva pérdida de capacidad de compra para uno de los sectores con menores ingresos.
El impacto se hizo sentir especialmente en gastos esenciales. Durante julio, los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron 1,9% en la Ciudad; la salud, 2,4%; y el mantenimiento de la vivienda, 2,7%. Aunque algunos de estos rubros tuvieron incrementos inferiores a la inflación general, todos representan una parte central del presupuesto de los adultos mayores y varios superaron el aumento efectivo recibido por quienes dependen de la mínima y el bono.
La situación es particularmente delicada porque los jubilados de menores ingresos tienen poco margen para reducir gastos. Una parte importante de sus ingresos se destina a alimentos, medicamentos, vivienda, servicios y otros consumos indispensables, por lo que cada aumento de precios que supera la actualización de sus haberes implica una pérdida concreta en su nivel de vida.
El problema, además, no se limita a un solo mes. El esquema de movilidad utiliza un índice de inflación correspondiente a períodos anteriores, mientras que los jubilados enfrentan en tiempo real los precios de los bienes y servicios que necesitan para vivir. Cuando la inflación porteña supera el aumento de los haberes, el desfase se traduce inmediatamente en menor poder de compra.
Así, julio volvió a dejar un saldo negativo para los jubilados porteños: mientras el costo de vida siguió avanzando, las jubilaciones quedaron por debajo de los precios y quienes cobran la mínima sufrieron un golpe adicional por la falta de actualización del bono. Para miles de adultos mayores, la discusión sobre la inflación no es una cuestión estadística: significa tener que ajustar todavía más un presupuesto que ya está al límite.

