Locales vacíos y consumo en retroceso: la crisis comercial golpea a la Ciudad y deja la peor ocupación desde la pospandemia

La ocupación de locales comerciales en la Ciudad de Buenos Aires cayó al 90% durante el primer cuatrimestre de 2026, el nivel más bajo desde la salida de la pandemia. Los datos oficiales muestran un crecimiento sostenido de las persianas bajas en los principales corredores comerciales porteños, en un contexto marcado por la caída del consumo, el deterioro del poder adquisitivo y la falta de medidas de estímulo para el comercio minorista.

De acuerdo con el último relevamiento del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad (IDECBA), sobre un total de 12.896 locales censados en 48 ejes comerciales estratégicos, solo 11.605 permanecían en actividad. Esto implica que 1.291 establecimientos se encontraban cerrados, llevando la tasa de desocupación comercial al 10%, frente al 8,4% registrado un año atrás.

La cifra representa el peor desempeño del sector desde 2022 y confirma una tendencia que viene profundizándose a medida que la recesión impacta sobre el consumo interno. En términos concretos, la Ciudad exhibe actualmente un promedio de 2,8 locales vacíos por cuadra en sus principales corredores comerciales.

Un mapa desigual de la crisis

La pérdida de actividad no afecta por igual a todos los barrios. Mientras algunos centros comerciales conservan niveles relativamente altos de ocupación, otros muestran un deterioro preocupante que expone las diferencias económicas entre las distintas zonas porteñas.

La situación más compleja se registra en la Comuna 15, que incluye barrios como Chacarita y Villa Crespo, donde la desocupación alcanza el 13,5%. Detrás aparecen la Comuna 1 —que abarca el Microcentro, San Telmo y otros sectores del casco histórico— con un 13,2%, y la Comuna 8, en el sur de la Ciudad, con un 12,8%.

El relevamiento también identifica corredores particularmente golpeados. Parque Avellaneda encabeza la lista con un 22% de locales cerrados, el peor indicador de toda la Capital. Villa Crespo y la calle Lavalle comparten un nivel de desocupación cercano al 20%, mientras que zonas tradicionales como Warnes y Defensa también figuran entre las más afectadas.

En contraste, algunos polos comerciales mantienen mejores niveles de actividad. La Comuna 6, correspondiente a Caballito, continúa exhibiendo uno de los índices más altos de ocupación, con el 96,2% de sus locales en funcionamiento. A su vez, el entorno de la intersección de Corrientes y Pueyrredón registra el mejor desempeño individual de la Ciudad, con una ocupación cercana al 97%.

El comercio textil, entre los más afectados

El informe refleja con claridad el impacto sectorial de la caída del consumo. El rubro de indumentaria, textiles y calzado, históricamente uno de los motores del comercio porteño y responsable de casi un tercio de los locales activos, fue el que más establecimientos perdió durante el último año.

Según el relevamiento, el sector registró una reducción neta de 217 comercios en actividad, una situación especialmente visible en zonas tradicionalmente vinculadas a la venta de ropa, como el área comercial de la Avenida Avellaneda.

La contracción resulta particularmente significativa porque se produce en uno de los rubros más sensibles a la pérdida del poder adquisitivo de la población. La caída de las ventas de indumentaria se transformó en uno de los principales indicadores del retroceso del consumo masivo.

Gastronomía y servicios, los pocos sectores que resisten

En medio del panorama general de retracción, algunas actividades lograron mostrar resultados positivos. Los comercios vinculados a la gastronomía y al entretenimiento sumaron 47 nuevos locales activos y elevaron su participación dentro del total comercial.

El crecimiento estuvo impulsado principalmente por nuevas aperturas gastronómicas en el área céntrica y por la expansión de cafeterías, bares y propuestas vinculadas al consumo recreativo en barrios como Palermo.

También se observó un desempeño relativamente favorable en el segmento de artículos para el hogar, muebles y electrodomésticos, que incorporó 44 establecimientos adicionales durante el período analizado.

Sin embargo, estos avances resultan insuficientes para compensar la pérdida de actividad en otros sectores de mayor volumen, por lo que el balance general continúa siendo negativo.

Los datos del IDECBA reflejan una realidad que ya se percibe en numerosos corredores comerciales porteños: más persianas bajas, menor circulación de consumidores y una actividad económica que todavía no logra recuperar el dinamismo perdido. La combinación entre la recesión nacional y la ausencia de políticas locales específicas para sostener al comercio de cercanía configura un escenario que preocupa tanto a comerciantes como a trabajadores del sector, especialmente en los barrios donde el impacto de la crisis se siente con mayor intensidad.

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