Un médico anestesista del Hospital Durand fue condenado por ejercer violencia obstétrica contra una paciente durante un parto prematuro, luego de que la Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas N°28 de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de Martín Perel, lograra un acuerdo de juicio abreviado homologado por la Justicia.
El condenado es Enrique Mayorini Dalfo, quien se desempeñaba como anestesista en ese centro de salud. La investigación se inició a partir de la denuncia de la mujer que atravesó el parto y fue respaldada por los testimonios de las médicas neonatólogas que presenciaron los hechos y asistieron a la víctima.
De acuerdo con la investigación, el episodio ocurrió cuando la mujer fue internada para dar a luz de manera prematura. En ese contexto, el anestesista mantuvo un trato despectivo, agresivo y humillante, pese al estado de extrema vulnerabilidad en el que se encontraba la paciente.
Según la denuncia, antes de comenzar el procedimiento la mujer le manifestó que tenía náuseas. La respuesta del médico fue inmediata: “Si tenés ganas de vomitar, vomitate encima. Acá los partos son así, tenés que aguantártela”.
Las declaraciones de las profesionales que presenciaron la intervención coincidieron en describir una conducta violenta. Una de las neonatólogas relató que, al momento de aplicar la anestesia raquídea, el médico sentó a la paciente “con una fuerza innecesaria” y de manera “muy brusca”. Mientras la mujer manifestaba dolor, el profesional le respondía elevando el tono de voz, insistiendo en que permaneciera quieta y negando que pudiera sentir dolor.
El caso también permitió visibilizar que las conductas atribuidas al anestesista no habrían sido un hecho aislado. Según informó el servicio de Neonatología del Hospital Durand, las profesionales del área comenzaron a recabar testimonios de otras pacientes y situaciones similares, lo que dio cuenta de que el trato violento y deshumanizado denunciado por la víctima se repetía con frecuencia en el ámbito de atención obstétrica. Esa recopilación de relatos fue uno de los elementos que impulsó a las trabajadoras del hospital a acompañar la denuncia y a poner en conocimiento de las autoridades un patrón de maltrato que, según señalaron, era conocido dentro del servicio.
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La víctima también declaró que, al quejarse por las molestias que le provocaba el procedimiento, el anestesista le dio unas palmadas en la frente y le dijo: “Callate la boca porque vas a vomitar”.
Otra de las médicas remarcó que la actitud del profesional fue completamente opuesta a la que habitualmente se espera de un equipo de anestesia. “En estas situaciones, el equipo anestesista suele llevar tranquilidad a la paciente, lo que no sucedió en este caso”, afirmó.
La violencia continuó durante el nacimiento. Cuando la mujer pidió que su pareja ingresara al quirófano, el médico reaccionó con otro grito: “¿Por qué lo van a hacer pasar? Si se llega a desmayar, lo van a tener que atender ustedes”.
Según las testigos, el anestesista también se mostró agresivo cuando las neonatólogas acercaron a la recién nacida para favorecer el primer contacto con su madre. “No me vayas a dejar la cara sucia de la madre con el contacto con el bebé”, dijo, antes de increpar a una de las profesionales: “Dejá, ¿no ves que me ensuciás el lugar de trabajo?”.
Durante todo el proceso judicial, la denunciante recibió acompañamiento de la Oficina de Atención a Víctimas y Testigos (OFAVyT) del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad.
El informe elaborado por ese organismo concluyó que la mujer fue víctima de violencia obstétrica, al considerar que sufrió un trato deshumanizado, humillante y degradante durante el parto, en un contexto de especial vulnerabilidad y de marcada desigualdad de poder entre paciente y profesional de la salud.
Con esas pruebas, la fiscalía logró la condena del anestesista por la contravención de maltrato en contexto de violencia de género, figura que sanciona el maltrato psíquico mediante humillaciones, vejaciones, agresiones verbales y cualquier otra conducta que atente contra la dignidad de la víctima.
La sentencia fue homologada por la jueza Natalia Molina, titular del Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas N°8. Además de la condena, el médico deberá cumplir durante un año una serie de reglas de conducta, entre ellas la prohibición de contactar o acercarse a la víctima, la prohibición de ingresar al Hospital Durand, la realización de un curso sobre violencia de género y el cumplimiento de 30 horas de trabajo comunitario.

