Este miércoles comienzan en la Cámara de Diputados las audiencias públicas por la reforma de la Ley de Glaciares, un proceso que ya genera fuertes cuestionamientos por las restricciones impuestas a la participación ciudadana.
El debate se desarrolla en un contexto de alta expectativa: miles de personas de todo el país se inscribieron para exponer sus posturas sobre una iniciativa que podría modificar el régimen de protección de los glaciares y el ambiente periglacial, considerados reservas estratégicas de agua.
Sin embargo, uno de los puntos más controvertidos es la limitación en la cantidad de oradores. Aunque se registraron decenas de miles de inscriptos, solo un número reducido podrá participar de manera oral, mientras que el resto deberá enviar sus opiniones por escrito o mediante grabaciones.
Esta decisión fue cuestionada por sectores de la oposición y organizaciones ambientalistas, que advierten que la medida restringe el espíritu de las audiencias públicas, concebidas como instancias de participación abierta, transparente y plural.
Las audiencias se desarrollarán en dos jornadas —una presencial y otra virtual— como paso previo al tratamiento del proyecto en el recinto. La iniciativa ya cuenta con media sanción del Senado y propone cambios relevantes, entre ellos una redefinición de qué zonas deben ser protegidas, lo que podría habilitar actividades extractivas en áreas actualmente restringidas.
En este marco, el debate no solo gira en torno al contenido de la reforma, sino también a la legitimidad del proceso. Para muchos actores, limitar la participación en un tema de alto impacto ambiental podría afectar la calidad del debate democrático y el cumplimiento de los mecanismos de consulta pública.
Mientras tanto, el Congreso avanza con un cronograma ajustado que anticipa discusiones intensas tanto dentro como fuera del recinto.

