El ex diputado porteño radicó un anuncio en redes buscando un nuevo empleo, mientras su gestión queda marcada por denuncias de favoritismos familiares en la estructura estatal.
A pocos días de finalizar su mandato en la Legislatura porteña, Santoro publicó en su cuenta de X un post con tono informal: “Busco laburo, si se te ocurre alguna oportunidad, sugerencia o simplemente querés charlar y tirar ideas, te leo”. Ese pedido llama la atención si se considera que detrás de su paso por la política existe un historial de designaciones polémicas: su “segunda madre”, Gabriela Zappaterra, fue contratada en la Legislatura porteña con un salario elevado y además había sido incluida en la lista de precandidatos de su partido en 2021.
Santoro — abogado de profesión, ex docente y dirigente de la fuerza liberal Republicanos Unidos, a través de la fundación que presidía— intentó dar la imagen de un cargo aséptico, pero los hechos contradicen sus críticas contra el nepotismo: empleó en el Estado a personas de su entorno familiar, lo que su propio espacio suele denunciar como “corrupción”.
Ahora, tras no lograr renovar su banca, Santoro parece buscar un “plan B” en el mundo privado o de consultorías. En su mensaje aseguró estar “abierto a proyectos o negocios donde pueda sumar valor” y ofreció los servicios de su equipo, que ahora también —por su propia confesión— queda “lista para nuevos desafíos”.
La situación deja en evidencia no solo la fragilidad de su carrera política, sino el doble estándar moral: mientras Santoro denunciaba beneficiarios de cargos públicos por “aprovechamiento”, él mismo estructuró una red de puestos asignados a allegados, lo que lo acerca a la dinámica de clientelismo estatal que tanto cuestionó.
Queda por ver si, en su búsqueda laboral abierta y sin cargo público, Santoro será juzgado por la opinión pública por lo que hizo durante su mandato: un diputado que ahora se presenta como hombre de mercado, pero que dejó una estela de designaciones polémicas.

