La caída del consumo, la apertura de importaciones, el alto costo del crédito y la presión impositiva golpean al entramado productivo. La industria, el comercio y la construcción encabezan las pérdidas.
La actividad empresarial continúa mostrando fuertes señales de deterioro en la Argentina. En los últimos doce meses, más de 14.000 empresas dejaron de operar, lo que representa una caída interanual del 2,8% en la cantidad de firmas registradas y profundiza un proceso de contracción que ya lleva 25 meses consecutivos.
El retroceso impacta especialmente sobre las pequeñas y medianas empresas y también se refleja en el mercado laboral. De acuerdo con datos oficiales del Sistema de Riesgos del Trabajo, el cierre de compañías estuvo acompañado por la pérdida de más de 216.000 puestos de trabajo registrados.
Los sectores más afectados son algunos de los principales motores de la economía. La industria manufacturera registró el cierre de más de 2.100 empresas, lo que representa una caída interanual del 4,5%, mientras que el comercio perdió más de 5.100 firmas. La construcción y la actividad agropecuaria también mostraron retrocesos significativos.
Entre los casos más emblemáticos aparecen el cierre de la planta de Fate, que dejó sin empleo a 920 trabajadores, y la reducción de operaciones de empresas multinacionales como Kimberly-Clark y Whirlpool, reflejando un proceso que se extiende a distintas regiones del país.
Diversos sectores empresariales atribuyen la crisis a una combinación de factores que incluyen la elevada presión tributaria, el encarecimiento del financiamiento, la apertura de las importaciones y la persistente caída del consumo interno.
Desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) sostienen que el escenario resulta cada vez más complejo para las PyMEs, que deben afrontar costos crecientes mientras compiten con productos importados. La entidad reclama medidas urgentes de alivio fiscal, acceso al crédito y programas de financiamiento para evitar que continúe la desaparición de empresas.
El impacto también presenta fuertes diferencias regionales. La provincia de Buenos Aires encabeza el ranking de cierres, con más de 4.300 empresas menos en el último año. Le siguen Córdoba, con 2.187; la Ciudad de Buenos Aires, con 1.539; y Santa Fe, con 1.305. En conjunto, estas cuatro jurisdicciones concentran cerca del 72% del entramado empresarial argentino, por lo que su retroceso tiene un peso determinante en las estadísticas nacionales.
La única excepción es Neuquén, que logró registrar un leve crecimiento impulsado por la actividad vinculada a Vaca Muerta.
La magnitud de la contracción comienza a ser comparada con los momentos más críticos de la economía argentina, como la crisis de 2001 y el período de la pandemia en 2020. Con más de 26.000 empresas desaparecidas desde fines de 2023, el país enfrenta un escenario de creciente fragilidad para su aparato productivo. En ese contexto, distintos referentes del sector advierten que, sin políticas orientadas a fortalecer la producción, sostener el empleo y mejorar las condiciones de financiamiento, la pérdida de empresas podría profundizar la recesión y comprometer las posibilidades de recuperación económica en los próximos años.

