Racismo y odio sin filtros en Carajo: las barbaridades de Sarubbi hacia el Conurbano

En un espantoso despliegue de odio y desprecio, Alejandro Sarubbi Benítez, conductor del programa **La Trinchera** en el canal libertario Carajo, lanzó al aire frases abiertamente racistas y violentas contra los habitantes del Gran Buenos Aires.

Durante la emisión más reciente, Sarubbi y sus panelistas se burlaron de los bonaerenses del conurbano proponiendo *“pensar cosas para encerrar a la gente del conurbano y asesinarla en ese modelo de cárcel a gran escala”*. Lejos de tratarse de ironía o un mal chiste, medios críticos han calificado estos comentarios como auténticos “comentarios nazis”. Tal como describe el portal Diario Registrado, en La Trinchera **“expusieron lo peor de su pensamiento con burlas discriminatorias hacia el conurbano bonaerense”**. Es intolerable que en un medio público se normalice hablar del exterminio de miles de personas por su lugar de residencia; aún peor, los autores de estos disparates se vanagloriaron de ello: **“Lo peor de todo es que les pareció gracioso”**, recalcó con indignación esa fuente.

El ultraderechismo libertario de Carajo exhibe patrones de odio similares en cada programa. Como señala Diario Registrado, los insultos del ciclo van siempre dirigidos a los mismos blancos: *“las mujeres, el feminismo, el pensamiento woke, los peronistas, los ‘kukas’”. La idea de instalar muros o campos de concentración alrededor del conurbano no surge por arte de magia: responde a un encono ideológico visceral contra “el otro” (el sector más humilde y diverso del país) tan grotesco como despreciable. Nada justifica proclamas genocidas de un conductor que, como abogado, debería respetar la ley y el Estado de derecho.

Más allá de la ofensa moral, estas declaraciones también dejaron sus consecuencias disciplinarias. El **Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal** sancionó a Sarubbi Benítez precisamente por estos excesos verbales. Según informó Realpolitik, el fallo señaló que sus publicaciones —en su cuenta de Twitter (X)— *“excede los actos de la vida privada”* y constituyen agravios públicos dirigidos a la autoridad judicial. Es decir, Sarubbi utilizó su rol de abogado y figura pública para propagar injurias y amenazas, e incluso el fallo ejemplifica cómo insultó a jueces de la Corte Suprema con expresiones violentas y despectivas. La sanción formal fue leve (una advertencia sin inhabilitarlo), pero marca un hito: valida una causa disciplinaria contra un letrado tan visible en la esfera política.

La presión social también le trajo un costo económico. La cadena Sao Medialunas, hasta entonces sponsor del programa, se retiró tras el escándalo. Como destaca *Diario Registrado*, las *“frases discriminatorias causaron tanto malestar”* que la empresa decidió *“cortar el auspicio”*. Que una marca comercial repudie los comentarios racistas revela el impacto de la controversia: aun en el mundo de la pseudopolitización digital, hay límites que ni los auspiciantes de regímenes intolerantes se atreven a cruzar.

El caso Sarubbi no es aislado. Su historial en redes sociales muestra un patrón continuado de amenazas e incitación a la violencia. FOPEA documentó que en mayo de 2025 Sarubbi llegó a publicar como consigna la frase *“Buen día para toda la gente normal que quiere ver periodistas presos”*, invitando luego a su programa a quienes deseasen ver “periodistas presos”. Estas campañas verbales no sólo amenazan a la prensa sino que validan discursos autoritarios. En otros tuits incluso pidió a sus seguidores señalar “a qué periodistas meterías preso”. Resulta escalofriante encontrar el mismo personaje que propone *cercar y asesinar* al Conurbano alentando persecuciones contra periodistas y opositores.

En resumen, lo sucedido en Carajo —este caldo de cultivo del agravio constante— expone el nivel de barbarie al que ha llegado parte del discurso “libertario”. Líderes de opinión como Sarubbi se dedican a fomentar odio social y hacer apología de crímenes de lesa humanidad bajo la excusa del humor o la provocación. Las autoridades (gremios profesionales, sponsors, la sociedad civil) han reaccionado con sanciones y denuncias; falta ahora que el resto del país no normalice estos mensajes. No podemos tolerar que se difunda discurso fascistoide donde se llame a *segregar, perseguir y exterminar* a segmentos enteros de la población, basados en prejuicios retrógrados. El ejemplo de Sarubbi en Carajo es clarificador: **cuando el libertarismo cruza la línea del odio, se convierte en un peligro para la convivencia democrática**.

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