La campaña política también se hace con IA: cómo los libertarios construyen influencers que no existen

Los trolls políticos no son una novedad, pero la inteligencia artificial amplió las posibilidades de la propaganda digital: ahora permite crear personas ficticias, dotarlas de una identidad visual, hacerlas producir contenido y acumular miles de seguidores sin que el público sepa necesariamente quién está detrás. El fenómeno ya tiene antecedentes en Estados Unidos y plantea nuevas preguntas sobre los límites de la manipulación política en redes sociales.

La campaña electoral todavía no terminó de arrancar formalmente, pero en las redes sociales ya comenzaron a aparecer nuevas formas de disputa política. En las últimas semanas se viralizó en Instagram la cuenta de “Lucía Libertaria”, una supuesta influencer que publica contenido a favor del gobierno de Javier Milei, cuestiona al kirchnerismo y reivindica distintas ideas de la derecha.

A primera vista, parece una joven porteña más. Hay fotografías, videos, opiniones políticas, referencias a la economía y hasta imágenes con la camiseta de la Selección argentina. Pero hay un detalle que cambia por completo la historia: Lucía no existe.

La joven es un personaje creado mediante inteligencia artificial y su cuenta ya acumula más de 13.000 seguidores.

El perfil fue diseñado para construir una identidad consistente. En las imágenes aparece una mujer rubia, de ojos claros y con una estética cuidada, similar a la de una influencer real. La cuenta se presenta como la de una “creadora digital” a la que “le gusta informar sin vueltas”.

Sus publicaciones abordan temas como la eliminación del Banco Central, el funcionamiento de la economía y distintas medidas impulsadas por el Gobierno. El contenido se combina con fotografías personales y escenas destinadas a darle al personaje una apariencia cotidiana y reconocible.

El problema es que en ningún lugar del perfil se advierte claramente que se trata de un personaje generado artificialmente.

Hasta el momento tampoco se conoce quién está detrás de la cuenta ni quién produce el contenido. Esa falta de transparencia abrió interrogantes sobre los límites del uso de inteligencia artificial para construir identidades ficticias destinadas a intervenir en una discusión política.

Algunos usuarios detectaron inconsistencias en las imágenes y comenzaron a señalar en los comentarios que se trataba de contenido generado por IA. Sin embargo, para quienes llegan al perfil sin ese contexto, la frontera entre una persona real y un personaje artificial puede resultar mucho más difícil de distinguir.

El antecedente de Trump

El fenómeno no es exclusivamente argentino. Uno de los antecedentes más llamativos apareció en Estados Unidos con “Jessica Foster”, una influencer virtual que comenzó a publicar contenido político a fines de 2025.

El personaje fue presentado como integrante de los Marines y difundió mensajes de apoyo a Donald Trump, además de imágenes junto al expresidente estadounidense, Melania Trump e incluso Vladimir Putin.

Para marzo de 2026, la cuenta se acercaba al millón de seguidores.

El caso mostró hasta qué punto la inteligencia artificial puede modificar las reglas tradicionales de la propaganda política. Ya no se necesita solamente un ejército de cuentas anónimas, trolls o militantes digitales: también es posible fabricar desde cero una identidad que parezca humana y utilizarla para instalar mensajes, generar identificación y construir una comunidad alrededor de una figura que nunca existió.

De los trolls a los personajes artificiales

Las campañas políticas llevan años utilizando redes sociales para instalar consignas, amplificar determinados mensajes y atacar a adversarios. Los trolls y las cuentas coordinadas forman parte de ese ecosistema desde mucho antes de la aparición de la inteligencia artificial generativa.

La diferencia ahora es la escala y el realismo.

Una cuenta puede tener rostro, voz, fotografías, videos, opiniones y una historia personal aparentemente coherente sin que detrás exista una persona que tenga ninguna de esas características. La IA permite producir en poco tiempo un volumen de contenido que antes requería equipos de diseñadores, fotógrafos, editores y community managers.

Eso también modifica el problema de la desinformación. Una noticia falsa puede ser desmentida. Una fotografía manipulada puede ser identificada. Pero ¿qué ocurre cuando el problema no es que una persona real haya sido falsificada, sino que la persona que aparece en pantalla nunca existió?

Una nueva herramienta para la disputa política

La aparición de “Lucía Libertaria” adquiere especial relevancia por el contexto político argentino. El oficialismo enfrenta un escenario de desgaste, una caída en sus niveles de apoyo y dificultades en el Congreso, mientras el Gobierno de Milei busca sostener su presencia y su capacidad de movilización en las redes sociales.

En ese contexto, construir nuevas voces favorables al oficialismo puede convertirse en una herramienta de comunicación política particularmente atractiva.

Pero hay una diferencia sustancial entre utilizar inteligencia artificial para producir una pieza gráfica o un video y crear deliberadamente una persona inexistente para que intervenga en una conversación política sin informar que se trata de un personaje artificial.

Ahí aparece el principal interrogante que deja este fenómeno: si una cuenta creada con IA puede acumular miles de seguidores, generar identificación y difundir mensajes políticos sin que sus seguidores sepan quién —o qué— está hablando, ¿hasta dónde puede llegar la propaganda antes de convertirse en una forma de manipulación?

La tecnología ya permite crear el personaje. El desafío para las democracias será determinar quién controla esas identidades, quién financia su contenido y, sobre todo, cuánto puede influir una persona que nunca existió en personas que sí votan.

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