Con el aval de Milei, una empresa israelí se prepara para extraer petróleo de Malvinas para el Reino Unido

El proyecto Sea Lion avanza hacia la explotación de hidrocarburos en el Atlántico Sur. La iniciativa es operada por una compañía israelí asociada con una firma británica y podría modificar por completo el escenario económico y político de las islas.

En las Islas Malvinas, el petróleo dejó de ser una promesa para convertirse en un recurso cada vez más concreto. Después de dos décadas de exploraciones submarinas en busca de hidrocarburos, los resultados obtenidos en la cuenca norte del archipiélago dieron lugar al proyecto Sea Lion, que avanza hacia la perforación y futura explotación del subsuelo marino del Atlántico Sur.

El plan ya ingresó en una etapa de ejecución. Sin embargo, un dato adquiere especial relevancia para la Argentina: la participación central de una empresa israelí en un proyecto destinado a extraer recursos naturales de un territorio cuya soberanía el país reclama desde hace casi dos siglos.

La situación también expone una contradicción con la política exterior del gobierno de Javier Milei, que convirtió el acercamiento con Israel en uno de los ejes centrales de su agenda internacional.

El petróleo podría cambiar la economía de Malvinas

Con una población cercana a las 4.000 personas —de las cuales una proporción significativa corresponde a efectivos de las Fuerzas Armadas británicas—, las islas cuentan con un ingreso per cápita estimado en alrededor de 100.000 dólares anuales, muy por encima del promedio argentino.

El producto bruto interno del archipiélago ronda los 400 millones de dólares anuales. En ese contexto, los aproximadamente 80 millones de dólares destinados cada año al gasto militar británico representan una porción significativa de la economía local.

Ese peso económico fue uno de los argumentos utilizados en distintos momentos por sectores de la política británica para evaluar, aunque de manera limitada, posibles escenarios de negociación con la Argentina.

Pero el descubrimiento de grandes reservas de petróleo podría alterar por completo ese equilibrio.

Si la producción alcanzara los 50.000 barriles diarios y el precio internacional se ubicara en torno a los 80 dólares por barril, los ingresos potenciales multiplicarían varias veces el volumen de dinero que actualmente circula en torno al archipiélago. En ese escenario, las posibilidades de que Londres acepte discutir seriamente la soberanía podrían alejarse aún más.

El papel de la empresa israelí

Sea Lion es considerado uno de los principales descubrimientos hidrocarburíferos realizados hasta el momento en la cuenca norte de las Islas Malvinas.

El proyecto es operado por Navitas Petroleum, una compañía de origen israelí que posee el 65% de participación, mientras que la británica Rockhopper Exploration conserva el 35% restante.

Navitas está especializada en proyectos offshore y es presidida por Gideon Tadmor, un ejecutivo con amplia experiencia en el sector energético de Medio Oriente. La compañía también cuenta entre sus principales directivos con Yacob Katz, quien ocupó el cargo de director general del Ministerio de Infraestructura, Energía y Agua de Israel.

La participación de una empresa israelí en la explotación de recursos naturales en las islas agrega un nuevo elemento a una disputa que ya involucra a la Argentina, el Reino Unido y las autoridades ilegítimas del archipiélago.

Milei y una pregunta incómoda

Los principales responsables de la empresa que participa del proyecto Sea Lion tienen vínculos con el sector energético y la administración pública israelí, el Estado con el que el gobierno libertario construyó una relación bilateral privilegiada, solo superada —en términos políticos y estratégicos— por el vínculo con Estados Unidos.

Israel conoce la posición argentina sobre la cuestión Malvinas y la disputa de soberanía existente con el Reino Unido. Desde la perspectiva argentina, el archipiélago constituye un territorio ocupado por una potencia colonial y sus recursos naturales no deberían ser explotados unilateralmente.

Frente a este escenario, surge una pregunta inevitable: ¿qué posición adoptó la Casa Rosada ante la participación de una empresa israelí en un proyecto de explotación petrolera en las islas?

Si la Argentina sostiene que la explotación unilateral de recursos naturales en Malvinas vulnera sus derechos soberanos y, al mismo tiempo, Israel ocupa un lugar central en la política exterior del gobierno de Javier Milei, ¿por qué el tema no aparece como un punto visible de la agenda bilateral entre ambos países?

El avance de Sea Lion abre un nuevo escenario para la disputa por Malvinas. La pregunta es si la Argentina cuenta con una estrategia para enfrentarlo o si, una vez más, observa cómo la situación se consolida mientras el Reino Unido avanza sobre los recursos del Atlántico Sur.

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