Claudio Oscar Lanzetta, conocido como Clotta Lanzetta, fue una de las figuras más visibles de la noche porteña durante los años 90. Relacionista público, empresario, DJ, cantante y conductor, supo construir un personaje mediático que sintetizaba el espíritu de una década marcada por la ostentación, la moda y el auge de los boliches como epicentro social.
Nacido en Buenos Aires en 1961, Lanzetta comenzó su carrera vinculado al mundo de las relaciones públicas, donde rápidamente logró insertarse en los círculos más exclusivos. Su habilidad para generar contactos y su fuerte presencia estética lo posicionaron como un referente del ambiente VIP, en una época donde la noche y la televisión empezaban a cruzarse cada vez más.
Su crecimiento estuvo estrechamente ligado a algunos de los boliches más emblemáticos del circuito nocturno. Trabajó en espacios como Pachá Buenos Aires, Buenos Aires News y Coyote, además de tener presencia en la movida de Punta del Este, particularmente en La Morocha. En todos estos lugares, su rol excedía el de un simple DJ: era anfitrión, relacionista y generador de clima, una figura clave para atraer público y celebridades.
Con el tiempo, decidió dar un paso más y fundar su propio boliche, Big One, inaugurado en 2001. El proyecto buscaba consolidar un espacio que reuniera música, moda y espectáculo, replicando el concepto de nightlife internacional que ya era tendencia en ciudades como Ibiza o Miami. Big One se convirtió rápidamente en un punto de referencia dentro de la noche porteña.
En paralelo a su actividad en boliches, Lanzetta también desarrolló una carrera musical. En 1998 lanzó el álbum Fashion X Clotta, un trabajo que combinaba temas propios con versiones de clásicos del dance internacional. Su propuesta tomaba influencias de artistas como Kraftwerk y New Order, adaptando ese sonido a una estética más ligada al espectáculo y a la pista local.
Canciones como “La Modelo”, “A Dónde” o “Verano Caliente” reflejaban ese cruce entre música, moda y cultura nocturna. Más que un proyecto estrictamente musical, su faceta como cantante funcionaba como una extensión de su personaje público, siempre vinculado al glamour y la exposición.
Otro de los aspectos centrales de su carrera fue su fuerte vínculo con el mundo de la moda. Lanzetta organizaba desfiles, promovía modelos y participaba activamente en eventos donde la estética era protagonista. Supo construir puentes entre la pasarela y la pista de baile, algo que en ese momento era novedoso en la escena local.
Esa visibilidad lo llevó también a la televisión y la radio. Participó en ciclos como Much Dance en MuchMusic Latinoamérica, además de otros programas vinculados al entretenimiento y la noche. En radio, tuvo presencia en emisoras orientadas al público joven y amante de la música electrónica, consolidando su perfil como comunicador.
La figura de Clotta Lanzetta representaba mucho más que un DJ o un empresario: era un personaje mediático que entendía cómo moverse en distintos ámbitos al mismo tiempo. Su capacidad para generar contenido, eventos y presencia constante lo convirtió en un símbolo de una época donde la noche era sinónimo de espectáculo.
El crimen de Clotta Lanzetta: una muerte que sacudió a la noche porteña
La muerte de Clotta Lanzetta marcó un antes y un después en el ambiente nocturno de Buenos Aires. Su asesinato, ocurrido en 2001, no solo generó conmoción por tratarse de un personaje mediático, sino también por las circunstancias violentas y el trasfondo que rodeaba su figura.
El hecho ocurrió el 28 de septiembre de ese año, cuando Lanzetta fue hallado sin vida en su departamento del barrio de Palermo. El cuerpo presentaba signos de haber sido golpeado y asfixiado, lo que rápidamente llevó a los investigadores a descartar un fallecimiento natural y a encuadrar el caso como un homicidio.
Según la reconstrucción judicial, el crimen habría ocurrido en el contexto de un encuentro privado. La principal hipótesis que manejaron los investigadores fue la de un robo, aunque desde el inicio también se analizaron otras líneas vinculadas a su exposición pública y a su vida dentro del circuito nocturno y mediático.
Con el avance de la causa, la investigación apuntó a un joven que había estado con Lanzetta horas antes del asesinato. El sospechoso fue detenido y posteriormente condenado por el crimen. La Justicia determinó que el móvil fue el robo, aunque el caso estuvo rodeado de versiones, especulaciones y una fuerte cobertura mediática que amplificó cada detalle.
El asesinato de Clotta Lanzetta ocurrió en un momento en el que su figura todavía tenía presencia en los medios y en la noche porteña. Su muerte impactó especialmente en el ambiente de boliches, modelos y relacionistas públicos, donde era ampliamente conocido.
Más allá de la resolución judicial, el caso quedó instalado como uno de los crímenes más recordados de la farándula argentina de principios de los 2000. La combinación de fama, excesos, exposición mediática y un final violento contribuyó a construir una historia que todavía hoy se menciona cuando se habla de aquella etapa de la noche en Buenos Aires.
El paso del tiempo no logró borrar del todo el impacto de aquel episodio, que terminó de consolidar a Clotta Lanzetta como un símbolo de una época, pero también como protagonista de uno de los casos policiales más resonantes vinculados al mundo del espectáculo y la noche.

