Granjas de bots: cómo funcionan las redes de cuentas falsas que te insultan y defienden a Milei

El caso de Fernando Cerimedo volvió a poner bajo la lupa una herramienta utilizada en campañas políticas y disputas digitales: las llamadas “granjas de bots”. Qué son, cómo operan y de qué manera pueden influir en la conversación pública.

La detención de Fernando Cerimedo en Bolivia volvió a poner el foco sobre una de las herramientas más polémicas de la comunicación política digital: las denominadas “granjas de bots”. Se trata de estructuras diseñadas para administrar grandes cantidades de cuentas en redes sociales con el objetivo de amplificar determinados mensajes, instalar temas o atacar a determinados adversarios.

A todos nos pasó alguna vez, que por una publicación o comentario, ya sea en Facebook, Instagram, o X, nos encontramos frente a una catarata de insultos y descalificaciónes, por parte de cuentas que simpatizan con el gobierno libertario de Javier Milei.

Cerimedo, consultor político argentino y exasesor vinculado a Javier Milei, ya había reconocido años atrás que manejaba miles de perfiles creados artificialmente para intervenir sobre los algoritmos y generar determinado impacto en las redes sociales.

¿Qué es una granja de bots?

Una granja de bots es una estructura que concentra y administra una gran cantidad de cuentas digitales. No necesariamente todas esas cuentas son completamente automatizadas: pueden combinarse bots, perfiles falsos, cuentas manejadas por personas y usuarios reales coordinados para producir un determinado efecto.

El objetivo es generar la apariencia de que un mensaje tiene un nivel de respaldo, interés o rechazo mayor al que realmente posee.

Por ejemplo, una operación puede hacer que cientos o miles de cuentas publiquen simultáneamente sobre un mismo tema, compartan una publicación, respondan a determinados usuarios o utilicen una misma palabra clave.

La actividad coordinada puede conseguir que un asunto gane visibilidad y termine ingresando en las tendencias de una plataforma. A partir de allí, el fenómeno puede adquirir una dinámica propia: usuarios reales comienzan a interactuar con el contenido porque lo ven repetidamente en sus redes.

Insultos, descalificaciones y ataques coordinados

Una de las formas más visibles que pueden adoptar estas operaciones es la utilización de cuentas para inundar las publicaciones con insultos, descalificaciones y ataques contra periodistas, dirigentes opositores o usuarios que cuestionan al Gobierno de Javier Milei. La estrategia no necesariamente busca convencer al destinatario del mensaje: también puede apuntar a intimidarlo, desalentar la discusión o generar la impresión de que existe un rechazo masivo hacia una determinada postura.

En estos casos, las cuentas pueden repetir consignas, utilizar expresiones similares o concentrar sus ataques sobre una misma persona o publicación. Cuando esa actividad es coordinada, el objetivo puede ser correr el eje de la discusión: en lugar de debatir el contenido de una crítica, la conversación termina convertida en una catarata de agravios y descalificaciones.

Esto no significa que todo comentario agresivo o favorable a Milei sea necesariamente producto de un bot. En las redes también existen usuarios reales que expresan espontáneamente sus posiciones políticas. La dificultad está en distinguir una discusión genuina de una operación coordinada que utiliza cuentas falsas, automatizadas o administradas con un objetivo político determinado.

¿Cómo funcionan?

El mecanismo puede variar según la tecnología utilizada y el objetivo de la operación.

En algunos casos se utilizan programas capaces de controlar automáticamente numerosas cuentas. En otros, detrás de los perfiles existen operadores humanos que siguen instrucciones para publicar, responder, compartir contenidos o atacar determinadas cuentas.

También existen redes híbridas, en las que las cuentas automatizadas generan el volumen inicial y operadores humanos intervienen posteriormente para orientar la conversación.

La clave está en la coordinación.

Una publicación aislada difícilmente consiga una gran repercusión. Pero si cientos de cuentas comienzan a compartirla casi al mismo tiempo, el algoritmo puede interpretarla como un contenido relevante y aumentar su distribución.

Investigaciones académicas sobre el fenómeno de los bots políticos han documentado precisamente ese efecto de amplificación: las cuentas automatizadas pueden contribuir a aumentar artificialmente la circulación de determinados contenidos y alterar la conversación en redes.

¿Qué tienen que ver con las campañas políticas?

Las redes sociales se transformaron en uno de los principales escenarios de las campañas electorales. Allí no solamente se intenta convencer a los votantes, sino también instalar temas, marcar la agenda y condicionar la conversación pública.

En ese contexto, una granja de bots puede utilizarse para instalar una consigna, hacer que una denuncia parezca masiva, impulsar una etiqueta o intentar convertir a un determinado dirigente en tendencia.

También puede utilizarse para campañas negativas contra adversarios políticos.

En 2023, Cerimedo reconoció que se dedicaba a realizar “campañas negativas” destinadas a perjudicar la imagen de candidatos y adversarios de sus clientes. Su nombre quedó asociado además a estrategias digitales desarrolladas en campañas de Jair Bolsonaro y Javier Milei.

El problema: cuando lo artificial parece real

Uno de los principales riesgos de estas operaciones es que pueden alterar la percepción de lo que sucede en Internet.

Si una persona ingresa a una red social y encuentra cientos de mensajes hablando sobre un mismo asunto, puede asumir que existe un enorme interés social detrás de ese tema.

Pero esa percepción puede ser engañosa.

Una conversación que parece espontánea puede haber sido impulsada previamente por cuentas coordinadas. Y una tendencia que aparenta representar una preocupación generalizada puede haber comenzado como una operación organizada para conseguir visibilidad.

Esto no significa que todos los contenidos virales sean producto de bots. La viralización también puede producirse de manera completamente orgánica. El problema aparece cuando una estructura artificial busca deliberadamente generar esa apariencia.

Una herramienta de la nueva política digital

El caso Cerimedo muestra hasta qué punto la comunicación política dejó de limitarse a los medios tradicionales y pasó a disputarse también en las plataformas digitales.

Las campañas actuales no solamente compiten por votos: también compiten por atención.

Y en esa disputa, los algoritmos se convirtieron en un territorio estratégico.

Una publicación que consigue miles de interacciones puede llegar a millones de personas. Por eso, conseguir que un contenido parezca popular puede ser tan importante como producirlo.

Las granjas de bots son, en definitiva, una de las herramientas utilizadas para intentar torcer esa dinámica. No crean necesariamente una opinión desde cero, pero pueden amplificarla, instalarla y hacer que parezca mucho más extendida de lo que realmente está.

Por eso, detrás de una tendencia, una catarata de comentarios o una campaña de ataques coordinados en redes sociales, también vale preguntarse quién está detrás de las cuentas, cómo se generó ese volumen de actividad y si la conversación que estamos viendo es realmente espontánea.

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