Endeudarse para comer: el ajuste empuja a los argentinos a un límite cada vez más frágil

Un informe de AtlasIntel y Bloomberg expone una postal inquietante: casi un tercio de los argentinos se endeudó en abril y, dentro de ese grupo, ocho de cada diez lo hicieron para comprar alimentos. La confianza del consumidor se desplomó al peor nivel de la región y la aprobación presidencial continúa en caída.

La radiografía social es cada vez más elocuente. Hoy, cinco de cada diez argentinos necesitan generar ingresos adicionales, no para mejorar su nivel de vida ni proyectar ahorro, sino simplemente para cubrir gastos básicos. El dato surge del Latam Pulse de abril, un relevamiento que pone en números un deterioro sostenido que contrasta con el discurso oficial de estabilización económica.

El ajuste ya se traduce en decisiones concretas: el 58% de los encuestados redujo su gasto mensual, mientras que casi el 33% recurrió al endeudamiento para sostenerse. El fenómeno golpea con mayor fuerza a quienes ganan menos de un millón de pesos y a los jóvenes de entre 16 y 34 años, un segmento que supo ser clave en el respaldo electoral de Javier Milei.

Pero el dato más crudo está en el destino de esas deudas. El 82,8% de quienes se endeudaron lo hizo para comprar alimentos, lo que refleja un cambio estructural: el crédito dejó de ser una herramienta para consumo o inversión y pasó a ser un recurso de supervivencia. A esto se suma que el 60,7% lo utilizó para pagar servicios básicos y el 45% para cubrir deudas anteriores, configurando un círculo difícil de romper. Entre los jóvenes de 25 a 34 años, además, el 45% tuvo que endeudarse para pagar el alquiler.

El endeudamiento no distingue tanto como antes: incluso entre quienes perciben ingresos de entre 1,5 y 2 millones de pesos, el 57% necesita un ingreso extra para llegar a fin de mes. La presión económica ya no está confinada a los sectores más vulnerables, sino que se extiende sobre capas medias que ven erosionada su estabilidad.

El informe sintetiza el escenario con claridad: la mayoría de la población oscila entre recortar gastos y endeudarse, mientras la capacidad de ahorro se convierte en una rareza. En ese contexto, el Índice de Confianza del Consumidor marcó -32 puntos, el peor registro entre los siete países analizados. La percepción sobre la situación actual se hunde aún más (-48,6), mientras que las expectativas a futuro también se mantienen en terreno negativo.

Los datos completan un panorama preocupante: el 74% evalúa negativamente el mercado laboral, el 68% la situación económica general y el 58% considera mala la situación de su propio hogar. Más de la mitad anticipa que el escenario empeorará en los próximos meses.

En paralelo, la imagen del presidente Milei acompaña esa tendencia descendente. La aprobación se ubica en 35,5%, mientras que la desaprobación alcanza el 63%, consolidando una curva negativa que el informe señala como sostenida.

En cuanto a las principales preocupaciones, la corrupción aparece en primer lugar (50,3%), seguida por el desempleo (38,5%), la inflación (35,9%) y la situación económica general (32,6%). A esto se suma un clima de creciente incertidumbre: el 62% cree probable que surjan nuevos casos de corrupción de gran escala en los próximos meses, el 53% anticipa un aumento de la inseguridad y la mitad espera más conflictividad social.

El relevamiento, realizado entre el 24 y el 28 de abril sobre 4.844 personas, coincide en el tiempo con la defensa del rumbo económico por parte del Gobierno en el Congreso. Sin embargo, los datos muestran una realidad que va en sentido contrario: el ajuste no solo impacta en los indicadores macroeconómicos, sino que empieza a redefinir las condiciones básicas de vida, empujando a una parte creciente de la población a endeudarse para algo tan elemental como comer.

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