Poses, bailes, gestos y una competencia por ver quién tiene más “presencia”. La nueva obsesión de las redes ya salió de TikTok y llegó a las plazas argentinas. Y para quienes vivieron la era Fotolog, tiene un aire demasiado conocido: ¿son los nuevos floggers?
Hay algo extrañamente familiar en las imágenes. Un grupo de adolescentes se reúne en una plaza, otros forman un círculo alrededor, alguien se mete en el centro y empieza a hacer poses, movimientos, pasos de baile o gestos mientras el resto observa, grita y reacciona.
La escena podría haber ocurrido perfectamente en el Abasto de 2008. Pero no. Es 2026 y la actividad tiene otro nombre: farmear aura.
El término se convirtió en una de las expresiones virales de las nuevas generaciones y, en las últimas semanas, dio un paso más: dejó de ser solamente una frase utilizada en redes sociales para convertirse en una especie de competencia presencial. Jóvenes se enfrentan para demostrar quién tiene más “aura”, es decir, quién consigue transmitir mayor presencia, seguridad, carisma o actitud.
¿Qué significa “farmear aura”?
La expresión mezcla dos mundos.
“Farmear” viene del universo de los videojuegos y hace referencia a repetir determinadas acciones para conseguir recursos, experiencia o puntos. “Aura”, en el lenguaje de internet, pasó a utilizarse para describir esa cualidad difícil de medir que hace que alguien parezca canchero, imponente, seguro o particularmente cool.
Por eso, “farmear aura” significa, básicamente, hacer cosas que sumen puntos imaginarios de carisma.
Una entrada espectacular, una pose, un movimiento inesperado, quedarse completamente serio mientras todos alrededor reaccionan o realizar alguna maniobra que genere admiración pueden convertirse en “+1000 de aura”. Si algo sale mal, en cambio, se pierde aura.
La lógica es deliberadamente absurda y funciona como un juego colectivo: nadie está midiendo realmente nada, pero todos conocen las reglas.
Y ahí aparece una diferencia interesante con otras modas juveniles: el concepto nació como un meme de internet, pero terminó convirtiéndose en una actividad física y social.
¿Y esto no lo vimos antes?
Para quienes atravesaron la adolescencia entre 2007 y 2010, la comparación resulta inevitable.
Los floggers también construyeron una identidad alrededor de la imagen, la música, el baile, la ropa y la exposición pública. Las escaleras del Abasto se transformaron en un punto de encuentro y las cámaras digitales, Fotolog y MSN eran las herramientas con las que esa identidad se reproducía y se amplificaba.
Había juntadas, competencias de baile y una necesidad permanente de mostrarse.
Los floggers podían reconocerse por sus pantalones chupines, colores llamativos, flequillos, zapatillas y la música electrónica. Y, sobre todo, por una actividad que hoy puede resultar sorprendentemente familiar: bailar en público mientras otros miraban.
La gran diferencia es tecnológica.
En 2008 había que estar físicamente en el lugar para formar parte de la escena. Después, las fotos podían terminar en Fotolog o circular por MSN. Hoy, en cambio, una batalla de “aura” puede ser grabada con un teléfono y llegar a miles de personas en cuestión de minutos.
El escenario pasó de las escaleras del Abasto a TikTok, Instagram y las plazas. Pero la necesidad de pertenecer, diferenciarse y llamar la atención parece bastante menos nueva.
De los floggers al “aura”
La comparación incluso comenzó a aparecer espontáneamente entre los propios usuarios argentinos que comentan el fenómeno en redes. Algunos describen las nuevas juntadas como una especie de regreso de las reuniones flogger, mientras otros recuerdan que cada generación tuvo sus propias tribus y códigos juveniles.
Y hay un detalle que vuelve todavía más interesante la comparación: los adultos que hoy se ríen de quienes “farmean aura” son, en muchos casos, los mismos adolescentes que hace 15 años eran señalados por vestirse de determinada manera, bailar en las plazas o pasar horas frente a Fotolog.
La historia se repite con otra estética y otro vocabulario.
Primero fueron los floggers. Después llegaron los emos, los wachiturros, las distintas comunidades vinculadas al K-pop y otras expresiones juveniles. Ahora aparecen los “aura farmers”.
Cada generación inventa sus propios códigos, sus lugares de encuentro y sus formas de diferenciarse de los adultos.
La plaza vuelve a ser escenario
Quizás lo más llamativo del fenómeno actual sea justamente que una tendencia nacida en internet está llevando a los jóvenes nuevamente al espacio público.
En lugar de limitarse a producir videos individuales para TikTok, las batallas de aura requieren espectadores. Hay participantes, público, poses, movimientos, aplausos y una especie de competencia improvisada.
En Mar del Plata, por ejemplo, una convocatoria reciente para “farmear aura” en Plaza Mitre generó una importante repercusión en redes. La actividad incluso terminó atravesada por episodios de violencia cuando algunos jóvenes fueron atacados con piedras y botellas, un hecho que también generó una ola de comentarios y comparaciones con las viejas peleas entre distintas tribus urbanas.
Más allá de esos episodios puntuales, la dinámica original es bastante más sencilla: jóvenes haciendo cosas que consideran divertidas, llamativas o “épicas” frente a otros jóvenes.
Exactamente como ocurrió con tantas modas anteriores.
¿Son los nuevos floggers?
Probablemente no en sentido estricto. El fenómeno del flogger fue mucho más amplio y tuvo una identidad estética, musical y cultural propia. “Farmear aura”, por ahora, parece ser principalmente un meme convertido en actividad y no una nueva tribu urbana consolidada.
Pero la comparación sirve para entender algo.
En 2008, un adolescente podía ir al Abasto para bailar electro, sacarse fotos y aparecer en Fotolog. En 2026 puede ir a una plaza para hacer una pose, bailar, competir por “aura” y terminar viralizado en TikTok.
Cambió la plataforma. Cambió la ropa. Cambió la música. Cambió el vocabulario. Pero la necesidad de juntarse, mostrarse y ser reconocido por los pares sigue prácticamente intacta.

